Al borde de la muerte…
Como cada otoño, el Bosque Sombra se preparaba para el invierno, despojándose de lo innecesario, de todas las florituras que podrían hacer peligrar su supervivencia hasta la próxima primavera. Las hojas marchitas caían de los árboles dirigidas por un viento pobre, que a duras penas conseguía entrar por la densa vegetación. En esta época del año muchas criaturas están inquietas e incluso presentan comportamientos agresivos debido al hambre, pues muchas presas han ido migrando hacia el sur, donde el invierno tarda más en llegar y el pasto es más abundante.
Abriéndose paso entre la foresta una elfa se adentra en el bosque, sus pisadas son silenciosas, típicas de su pueblo e intenta avanzar en contra del viento, para no alertar a las posibles criaturas que hubiese dónde se dirige. La druida Lianne detuvo su marcha después de que su fina nariz detectase un hedor que le era conocido, olor a vísceras y carne en descomposición. Su olfato y su instinto le decían que no era buena idea seguir esa senda, pero su corazón era intrépido y no dejaría que algo así la acobardara. Siguió avanzando y cuando el olor se hizo prácticamente insoportable, distinguió en el suelo lo que parecían los restos de un alce gigante. El animal estaba completamente descuartizado, únicamente cuerpo y cabeza seguían unidos, las demás extremidades se encontraban desparramadas por el suelo, igual que las entrañas del animal muerto. Haciendo un esfuerzo titánico por aguantar el tipo, la elfa dió algunos pasos más, un error que pagaría caro…
Del interior del alce aparecieron varios tentáculos ensangrentados que sorprendieron a la druida, recibiendo varios latigazos sin tiempo para esquivarlos o defenderse. Un grito de dolor retumbó por las copas de los árboles cercanos, mientras Lianne se postraba, visiblemente dolorida, delante del cadáver del alce. Del interior del animal muerto surgió una aberración de la naturaleza, un horror que se arrastraba por el suelo, detectando con sus tentáculos y antenas cualquier estímulo del exterior. El carroñero se acercaba lentamente a su nueva presa, quien intentó asestar algun golpe sin demasiada suerte, hasta que otro latigazo hizo que se desplomara en silencio, amortiguada por las diversas capas de hojas y otros compuestos orgánicos en descomposición.
El carroñero se acercaba reptando a Lianne, sus asquerosos y viscosos tentáculos empezaron a curiosear por las ropas de la elfa, buscando zonas blandas donde poder excretar sus ácidos gástricos y empezar la digestión de su nuevo banquete. Cuando el insecto gigante había escalado la mitad del cuerpo de la elfa un destello apareció entre ambas figuras, quitando al carroñero de encima de su compañera. Mustang Doe se interponía entre Lianne y una muerte casi segura.
El monje tiefling mantenía la posición sin dudar, no dejaría que su compañera sufriera ni un rasguño más. Usando su bastón intentaba mantener a distancia a la famélica criatura, que no paraba de mover sus tentáculos de forma amenazante. Ambos parecían un reflejo del otro, midiendo y observando cada uno de los movimientos de su rival y antes de que cualquiera decidiese atacar otro tiefling apareció.
- Raven surgió entre la maleza con gestos de cansancio evidente, ya que su entrenamiento nunca tuvo una rutina demasiado física, pero toda aquella fatiga desapareció cuando entendió la situación después de ver a su compañera Lianne inconsciente en el suelo. Los dos cerraron filas delante de la elfa mientras que el carroñero, fue encogiéndose y adoptando una posición más y más defensiva hasta que sin previo aviso empezó a huir del lugar. Raven sonrió mientras sus ojos se encendían y de su boca emergieron palabras que provenían de lo más profundo del abismo infernal. De las manos desnudas de la bruja empezaron a formarse rayos de energía, que se fundieron en una esfera relampagueante cuando juntó sus manos delante de su pecho. Finalmente canalizó aquella tormenta arcana que impactó directamente sobre el huidizo carroñero. Raven esbozó una sonrisa aún más pletórica que la anterior cuando se percató de que había liquidado a su objetivo, asegurándose de que no se iba a levantar con otra carga eléctrica completamente innecesaria. Cuando acabó se giró hacia sus compañeros para asegurarse del estado de Lianne pero algo que no había percibido estaba atacando sin descanso a sus dos aliados rezagados.

Mientras Mustang veía como Raven atizaba sin tregua al carroñero, él se interesó por el estado de la druida que seguía tumbada, inconsciente. Cuando sus rodillas tocaron el follaje húmedo del bosque una figura más grande y mucho más amenazante que el carroñero apareció detrás de un gran árbol. Unos ojos grandes y redondos se clavaron como puñales en los suyos, más de doscientos kilogramos de oso lechuza se acercaban amenazantes hacía ellos. Durante un momento pensó en huir, con sus piernas podría dejar atrás a la pesada criatura pero esa idea se esfumó cuando pensó cuál sería el destino de su magullada compañera de viaje. Ayudándose de su bastón se volvió a erguir entre la elfa y otra criatura monstruosa, aunque esta vez no creía que su espíritu fuese lo suficiente fuerte como para derrotar a un adversario de esta envergadura. El oso no tardó en embestir y atacar con zarpazos que podrían haber arrancado las extremidades a un hombre de estatura media, pero Mustang no se amedrentó. Utilizó hasta la última porción de su fuerza espiritual para esquivar las garras de su adversario, mientras que intentaba asentar algún golpe a la criatura. Los gritos marciales de Mustang parecían marcar el ritmo de sus movimientos como si de una danza elemental se tratase, el combate hubiese terminado pronto de no ser de la destreza del monje, quien por fin pudo descansar brevemente, ya que el último de sus compañeros había conseguido llegar a auxiliarlos.

Aigor se plantó entre el peligro y sus compañeros, esperando que la amenazante serpiente alada grabada en el metal de escudo amedrentase al oso lechuza. Poco después, Raven se acercó a sus compañeros, mientras Aigor usaba sus manos divinas para hacer que Lianne recuperara su consciencia. Los cuatro compañeros se prepararon para hacer frente a su destino. La gran criatura rodeaba amenazante a la compañía, gruñendo y arañando el suelo con agresividad, indicadores que avisaban de un inminente ataque. Fue una combinación de valor y camaradería la que hizo que Aigor pudiese convocar el poder de Araneth mientras Mustang se colocó en primera fila, bloqueando los ataques y embestidas del gran animal. Lianne ligeramente recuperada tomó la forma de pantera gigante y se abalanzó encima del temible oso, reduciendo los movimientos del enemigo lo máximo posible, mientras Raven lanzaba sus hechizos y maldiciones a discreción con los ojos perdidos, undiendose cada vez más en el pozo negro de donde emana su poder. Cuando la fatiga era una realidad en la cara de sus compañeros, el pecho del paladín se iluminó, concentrando el poder de la virtud de su corazón que fue transferido a su mano y de esta a su espada, que brillaba con una luz centelleante de un azulado cegador. La bestia quedó cegada por aquella pureza y su portador no dudó en usar aquella oportunidad para asestar un formidable golpe que se amplificó debido al radiante poder de la hoja que portaba. Finalmente, el oso lechuza cayó derrotado gracias al nacimiento de un nuevo poder que se iba forjando en el interior del Bosque Sombra.
