Aigor

El protector… cae

Nuestra misión parece sencilla y más sabiendo que Lianne está a mi lado. Siempre es más fácil junto a alguien que sabes no te intentará clavar un puñal cuando duermas para robarte la bolsa o cuya moral esté pútrida. Junto con otros dos a quienes no había visto nunca, formaremos la escolta del carromato. Sin embargo, de estos no me fío tanto. Mustang parece tener las manos muy largas y Raven afirma ir acompañada de su gato a quien sólo ella ve. Así que o lleva una deidad apoyada en el hombro, miente o está loca… y no parece muy religiosa.

 

De todos modos, tampoco puedo elegir, así que emprendemos la marcha. Escoltar un carro cargado con picos, palas, cubos y demás útiles de mineria no puede ser para tanto, no es un gran reclamo para ladrones. Pero los peligros no paran de sucederse. Es como si el bosque estuviese conspirando contra nosotros.

 

Primero, nuestro carro, detenido por una rueda con un radio roto, llama la atención de una manada de lobos que estaban cazando hambrientos. Desenvainé mi espada, empuñé mi escudo y me puse al frente, con mis compañeros tras de mí, dispuestos a defendernos. Un grito de guerra salío desde lo mas hondo de mi garganta y le propiné un barrido con mi hoja al lobo que tenía en frente con todo lo que tenía. Pero mi espada se movía lenta, sin fuerza, sin convicción… ¿dónde está la fuerza que esgrimía antaño? Yo mismo quedo sorprendido ante aquello, un escalofrío me recorre desde los pies hasta la barba y miro a mi hoja con ojos incredulos, como si esperase recibir una explicación por su parte. Mi guardia se desmorona, el lobo no me deja recomponerme y de un solo golpe, con unas garras afiladas como por algun herrero enano, me hace caer.

 

¿Acaso Araneth me ha abandonado? Por un momento, me siento completamente sólo, no puedo oir nada, ni siquiera un susurro lejano suyo, no hay luz, sólo oscuridad, tendido en un suelo más frío que el beso del acero. No es sinó la magia de Lianne la que vuelve a ponerme en pie. Finalmente, tras mucho esfuerzo, derrotamos a los lobos pero… un huargo sale de entre las sombras, con unos ojos inyectados en sangre. Mi convicción ante aquella bestia termina por derrumbarse… pero una ayuda inesperada, una dríada, nos ayuda a salir victoriosos aunque no indemnes. Tomo un colmillo del huargo y lo guardo en mi bolsa. Haré una alhaja con él para recordar esta sensación.

 

Tras un descanso volvemos a emprender la marcha y, esta vez, es Lianne la que está en apuros. Se sorprende emboscada por una alimaña y está sóla. Corremos en su ayuda, pero correr no es mi fuerte y, cuando llego, Raven y Mustang ya habían llegado. La escena que me encuentro me sorprende y acongoja por igual. Raven lanzaba su magia con un gato con unas pequeñas alas que revoloteaba a su alrededor… no mentía. Mustang se interponía entre la criatura y el cuerpo de Lianne que yacía inmóbil en el suelo… la estaba protegiendo de una muerte segura.

 

Al ver a Lianne, me avalanzo sobre ella, dejo caer la espada a mi lado y clavo mi escudo frente a nosotros, quedando protegidos tras él, aunque sólo sea de la vista de la bestia. Coloco mis manos sobre sus heridas abiertas y tras unas palabras, «Athae Calad«, una luz radiante empieza a brotar de ellas. Compruebo con cierto alivio que aún puedo sanar heridas con mi magia. Aún queda algo… aún no se ha ido todo. Lyanne se levanta y ella también está cambiada, lo puedo ver en sus ojos, algo que va más alla de nuestros sentidos está sucediendo.

 

Vuelvo a empuñar la espada… y vuelvo a notarlo, ese sentimiento, ese poder, esa dicha, como si estuviese junto a mi… Elevo la punta hacia el cielo, donde empieza a arremolinarse una nube. De pronto un haz de luz se desprende desde el cielo y toca mi espada, que comienza a brillar con una suave luz. Esta vez, no es un rugido sinó el poder de La Verdad lo que invoca mi voz: » Éruva Aurë «. Golpeo a la besia y un destello atronador emerge con la fuerza de una catarata, hundiéndose en su carne, dejándola malherida.

#anduin wrynn de sivictis

Terminar ese combate también dio el máximo de nosotros. Ahora mismo, descansamos en una gruta al amparo de la montaña, recuperando nuestras fuerzas. Comemos y bebemos junto a una improvisada hogera pues nos han llegado noticias de que nuestra ruta no mejorará. Sin embargo, estoy contento con estos compañeros de viaje, pues están demostrando ser dignos y de confianza.

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