Lianne

Neldoreth

Bajo la tenue luz del sol que a duras penas conseguía entrar entre las robustas ramas del Neldoreth, hacía un leve descanso sobre el gran roble antes de volver con el encargo que mi abuelo me había encomendado. Apenas había tardado un par de horas en encontrar todos los hongos que necesitaba, pero sabía que una vez entregada la bolsa, tendría que ayudarlo a preparar algunos brebajes que teníamos pendientes para vender.

 

Tilion, mi pequeño y testarudo abuelo gnomo, era el herborista de la aldea y antaño, había sido un druida perteneciente al cuerpo de exploradores que vigilaba el bosque. Pero con la muerte de mis padres, había renunciado a su cargo para dedicarse en cuerpo y alma a las plantas y hongos medicinales.

 

Siempre pensé que a pesar de haber transcurrido más de 60 años de la desaparición de mis padres, no había conseguido superar aquel triste día en el que encontró la aldea vecina de Serindë en llamas y una montaña de cadáveres ardiendo junto al anillo de mi madre. Desde aquel suceso, nunca volvió a ser el mismo, a pesar de esforzarse por aparentar normalidad y entereza delante mío.

 

El gran Neldoreth y sus robustas ramas siempre habían sido mi refugio preferido. Quizás porque entre mis más preciados recuerdos se encontraban los momentos que pasaba yo de pequeña con mis padres y mi abuelo subidos al anciano árbol. Cerré los ojos para rememorar ese instante mientras el agradable sonido de las hojas acariciaban mis oídos…

 

Ahí estaba ella, con su larga cabellera rubia recogida en una gruesa trenza, mirándome a los ojos mientras entonaba aquella bella canción en élfico que siempre cantaba para nosotros.

  

Varias décadas habían pasado ya sin escucharla. Sin embargo, mi mente la guardaba bajo llave en lo más profundo de mi ser para no olvidarla jamás. Al igual que el rostro de mi padre, un elfo de tez oscura con una gran cicatriz en la mejilla y de ojos violetas, que observaba a mi madre sonriente mientras compartía la tradicional pipa de menta con mi abuelo. Adoraba ese relajante olor, al igual que observar desde ahí los peces del estanque que quedaba justo detrás del roble, aprovechando que nunca tuve miedo a las alturas. Me encantaba treparlo todo y observar mi alrededor desde la distancia. Me sentía un pájaro libre, sin ataduras, sin límites. Aunque dicha «falta de respeto» a las alturas me había llevado a tener alguna que otra riña con mi familia.

 

Entretenida con la fauna y con los divertidos pero sutiles movimientos que éstos provocaban en el agua, de repente reparé que justo debajo mío, un felino me observaba desde el agua. Era negro, con ojos almendrados de color azul,  aunque no muy grande de tamaño. Parecía un cachorro. Yo, que no podía creer lo que estaba ocurriendo, miré a mi alrededor para ver si lo localizaba, pero no conseguía verlo.  Cerré los ojos, volví a abrirlos para mirar de nuevo en el agua. Y ahí seguía.

 

No lo pensé dos veces. Me lancé para intentar atrapar al misterioso felino. Buceé durante varios segundos, escudriñando el fondo del estanque y cada rincón de él por si se había escondido. Pero no lo encontré. Enfadada con el mundo por mi acción fallida, me resigné y saqué mi cabeza del agua para coger algo de aire.

 

Todo parecía tan real y me sentía tan bien… No quería volver a la triste realidad de ver a mi abuelo infeliz y sintiéndose culpable por no haber acompañado a mis padres aquel fatídico día en Serindë. Quería quedarme para siempre en aquellos momentos, donde todas las sonrisas que se escapaban de nuestros labios eran sinceras, de verdad. Sin tristezas ni penas por las que preocuparse. Quería que esto durase para siempre.

 

Miré hacia arriba para localizar a mi familia, esperando una inminente riña por mi atrevimiento en el salto que acababa de hacer. Sin embargo, al hacerlo, vi una escena cuanto menos, surrealista para mi . Mi padre, el hombre más tierno que había conocido jamás, había sacado su arco y apuntaba a mi madre en el pecho mientras que mi abuelo, caía en los pies del árbol quedando inconsciente. Yo, que no daba crédito con lo que estaba pasando, fui incapaz de articular una sola palabra y vi que en ese preciso instante, una flecha atravesaba el corazón de mi madre y que su cuerpo, iba a precipitarse sobre mi. Mi padre, que miró hacía mi, preparó rápidamente otra flecha para disparar hacia mi dirección. Y en ese mismo instante, algo me hundió de nuevo en el agua.

 

Solo quería despertar de ese sueño que se había tornado en una terrible pesadilla. Sentía una gran presión en el pecho y la sensación real de que me ahogaba, de que aquella oscuridad me estaba absorbiendo.

 

¡Despierta Lianne! Me pareció escuchar muy lejos de mi. Pero era incapaz de hacerlo. Por más que lo intentaba, no conseguía salir de esa oscuridad tan absoluta que me estaba ahogando. ¡Despierta!  Escuché más fuerte.

 

Abrí los ojos y lo primero que hice, fue vomitar todo el agua que había tragado. Estaba muy mareada y veía todo mi alrededor borroso.

 

¡¿Estás bien?! Miré torpemente hacia mi costado intentando adivinar de dónde provenía esa voz que me resultaba tan familiar. Sin embargo y para mi sospresa no había nadie, tan solo una gran nutria que estaba a mi lado y que me observaba atentamente.

 

Abu… ¡¿Abuelo?!

 

De repente, la figura del animal empezó a cambiar y a tener el porte de mi pequeño abuelo.  Éste, con cara preocupada, se acercó rápidamente a mi y tocó mi rostro.

 

Cielo santo… ¡por poco no llego! ¡Es peligroso que duermas sobre el Neldoreth, Lianne! 

 

Miré el rostro de mi abuelo, completamente acongojado por la situación y no pude evitar sentirme mal. Demasiado era el sufrimiento que le había tocado vivir en las últimas décadas como para que encima tuviese que estar de niñero de su nieta adoptiva.

 

Lo siento, abuelo. Iré con más cuidado.

 

Parcialmente satisfecho con mi respuesta, pues sabía que acostumbraba a ser reincidente con mis continuas cabezonerías, esbozó una leve sonrisa y me abrazó fuertemente con sus pequeños brazos de gnomo.

 

Venga… vayamos dentro y descansa un poco.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *